Parece que todo da igual, nadie esta dispuesto a nada. Somos egoistas por naturaleza, no queda sitio para lo ajeno en las paredes de lo proprio.
Vivimos encerrados en celdas donde gente como yo escribe cartas para apartarse de un mundo que ilusiona pero siempre es descorazonador. Creemos disfrutar de todo y estar contentos con nuestra vida, pero todos somos unos románticos (literariamente hablando), nos guiamos por impulsos y acabamos en una profunda desesperación, porque nada nos conduce a ningun sitio, vagamos cabizbajos esperando encontrar algo que nos de un poco de adrenalina para olvidar por qué miramos siempre al suelo. Pero nada nos llena, no es inconformismo, simplemente nada nos es suficiente. ¿ y por qué? Por el ego, todo el orgullo que nos hace pensar que siempre tenemos razón, que somos demasiado buenos para cualquier cosa que nos ofrezcan y quien diga lo contrario no vale nada; esa mentalidad de superioridad que nos caracteriza. Somos el listo de la clase, pero acabamos en un colegio vacío.
Hacemos daño a gente que nos quiere porque, inexplicablemente, nuestras convicciones son más importantes que todas las personas que han construido nuestra vida. No nos damos cuenta de que sin ellas no somos nadie, ni si quiera somos algo. Por nosotros mismos somos una especie de desecho social vanidoso y desconfiado y por toda esa gente hemos llegado a ser personas, con todo lo que ello conlleva.
Pero decidimos volver a encerrarnos en nuestros barrotes para no darle nada a nadie, pensamos que solos somos mejores, pero es la egolatría quien habla por nosotros. Narcisistas desalmados, no somos nada más que eso.
Expresarse es Placer
Lo único que a veces se necesita es mostrar los sentimientos...
miércoles, 5 de febrero de 2014
El orgullo del desconfiado
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario