Focos de luz que iluminan mis pupilas a cuan más grande la dosis mas me empequeñece el iris, niebla de humo en la habitación; aroma a ganjah recién quemada, quizás con algún toque de polen primaveral.
Hojas secas, medios filtros y alguna que otra anfeta; la anterior niebla es vaho condensado en las ojeras de los presentes.
Música, whisky, hielos y a ver quien tiene más aguante. Fuma, baila, bebe, ríe, habla, piensa, sedimentate en el ambiente, manifiesta tu obediencia a los narcóticos.
Litronas y botellas vacías ocupan el pasillo,chustas en las almohadas y algún yonkie en el sofá. Persianas medio bajadas con la ventana abierta. Concentración de ebriedad y adicción.
Polvos de media noche y de madrugada, gemidos de placer, veto entre las sábanas y ratas en busca de jeringuillas.
Condones en el suelo iluminados por la luz del medio día, colchas destartaladas y cinturones en brazos llenos de moratones.
Última calada, final del vaso y dosis terminal.
Despierta, abre los ojos y mira en que te has convertido. Ansías la distracción, el esparcimiento y el desenfreno.
Noches y madrugadas bañándote en ron del barato y en unas cutres pastillas otorgadas por un triste camello de barrio. Recapacita y decide salir de este convite eterno. La cosa es, ¿quieres acabar con tu toxicomanía?
Caíste en la red.
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