Y aquí tumbada en la cama sin nada mejor que hacer que escribir sobre la vida o ,mejor,sobre los sueños.
Sueños que parezcan de niña pequeña e inmadura que sólo desea tener algodón de azúcar para desayunar,macarrones para comer y pizza para cenar.
Que quiera estar todo el día en la calle riendo y cantando, que lo peor que espere es que no haya podido sonreír hoy lo suficiente.
Sueños en los que ella viva en una gran mansión con un jet privado y se encienda los cigarros con billetes de cien.
Sueños imposibles como volar en alfombras y que un genio te conceda tres deseos.
Pero dejas de soñar y vuelves a la cruda realidad, ni jet ni mansión, ni billetes de cien.
Da gracias por una casa de 40 metros cuadrados un abono para el metro y cerillas para seguir matándote a base de nicotina y petróleo enrollado en un papel.Sin olvidar tu magdalenas duras para desayunar, las sobras de ayer para comer y un triste sandwich de salchichón para cenar.
Esa es la realidad, tú realidad y que más da puedes evadirte de ella soñando con lo que quieras.
Porque nadie puede negarte que sueñes, y nadie puede romperte esos sueños porque nunca han existido.